Hola,

Hoy vamos a tratar un tema sensible. Y digo sensible, porque cuando nos tocan la fibra monetaria, todos saltamos de forma unánime. El tema de hoy es "cosas que hacer y no hacer con el dinero público".

Supongo que cada uno de nosotros tenemos una idea muy clara de en qué nos gustaría que se gastara el dinero recaudado con los impuestos, y también de en qué no nos gustaría que se gastara. Esto no es un dogma de fe, es simplemente una forma de pensar de cada uno. Así, por ejemplo, a algunos puede no gustarles que se gaste dinero público en poner un árbol de Navidad en la plaza del pueblo, mientras que otros pueden pensar que es un uso maravilloso del mismo. La pregunta es ¿se debería invertir dinero de los impuestos en poner un árbol de plástico enorme en mitad de una plaza, y decorarlo con luces (encendidas durante todas las fiestas, con el consiguiente gasto energético)? Pues probablemente haya tantas respuestas como personas.

Sin embargo, otra cosa es lo que hacen las asociaciones, públicas o privadas, con el dinero que se les destina. Por ejemplo, repartir condones durante el día mundial contra el SIDA. Entiendo que hay gente tanto a favor como en contra del uso del preservativo, y no voy a entrar en quién tiene razón, porque cada cual tiene sus motivos personales para preferir usarlos o no. Pero igual que yo no me meto en si alguien no usa preservativo, espero que nadie se meta en si yo lo uso o no. Y menos aún cuando es el único método de cierta fiabilidad que permite tener relaciones sexuales y, al mismo tiempo, evitar el contagio de enfermedades de transmisión sexual, algunas tan graves como el SIDA.

Sí, vale. Ya sé que el método más fiable para evitar una ETS es la abstinencia. Eso lo sabemos todos... en el primer mundo. Pero creo que no es noticia que los humanos somos animales de costumbres, y siempre pensamos en que las ETS son cosas que les ocurren a las personas que se mueven por ambientes marginales. Y sobre todo, los más jóvenes.

Y tampoco voy a entrar en si se deben dar condones a los menores de edad, porque supongo que la visión cambia respecto de si se es padre o no. Yo no soy madre, y a mí, como joven (no ha quedado aún demasiado lejos mi época de instituto) me parece una buena idea. Supongo, no obstante, que a algunos padres puede desagradarles la idea de que sus hijos mantengan relaciones sexuales, y en parte lo entiendo: ¿qué pasa si le rompen el corazón a mi hijo? ¿Y si se le rompe el preservativo y la chica queda embarazada? Todo esto, por supuesto, al margen de convicciones religiosas, que no comparto en absoluto, pero que entiendo. Cada cual que haga con su vida y su sexualidad lo que crea conveniente, que para eso somos todos mayorcitos. Y si no lo somos, ahí tenemos a la familia para orientarnos de la mejor manera que saben.

Por eso no entiendo la indignación de algunos respecto al reparto de condones que ha llevado a cabo una asociación, en concreto una asociación estudiantil de una universidad pública, en el día mundial contra el SIDA. Si no los quieres, no los cojas. Es así de simple. Y de hecho, si te parece algo digno de criticar, dirígete a la asociación y explícales por qué crees que no deben hacerlo. Entrar a poner excusas de "es que ese dinero se podría invertir en otras cosas" o "es que a mí no me han preguntado si quiero los condones" es eso, poner excusas: porque en primer lugar, los fondos se destinan a una asociación que gestiona su presupuesto como cree conveniente, y en segundo lugar, no les están dando los condones a niños, sino a personas mayores de edad, capaces de decidir qué hacer con su sexualidad. Quien quiera condones, que los coja, y quien no, pues que no los coja; y una cosa es criticar esta acción de reparto (cosa legítima, natural y en absoluto digna de desprecio) y otra intentar recurrir al insulto y la degradación. Valores muy poco cristianos, ambos.

Quien quiera salvar su alma ante su Dios, que lo haga. Yo ya soy mayorcita para asumir mis responsabilidades, y no necesito que venga nadie a salvar mi alma ante un Dios en el que no creo. Ni soy superior a quienes tienen fe, ni soy inferior por ello. Igual que una persona que decide permanecer virgen no es ni inferior ni superior a aquel que decide renunciar al celibato. Si hay algo absurdo en todo esto, es suponer que aquellos que no piensan como tú son infraseres mentalmente incapaces, a los que hay que adoctrinar. Sin embargo, despreciar a alguien por lo que cree o deja de creer, de hecho, es ser un infraser.

No necesito que nadie venga a salvar mi alma. Ni nadie necesita que yo intente no salvar la suya.

Un besote